Simple faz y doble faz no son dos formas de decir lo mismo. Son estructuras distintas, y esa diferencia cambia cómo se imprime, cómo se monta, cómo se troquela y qué tipo de caja conviene fabricar.
La diferencia estructural
El simple faz tiene dos papeles: un liner y una onda. Queda abierto de un lado y suele usarse para montar un pliego impreso, generalmente cartulina. El doble faz suma un liner interior, queda cerrado y ofrece una plancha más estable.
Cuándo conviene simple faz
Conviene cuando la gráfica ya tiene el pliego impreso y necesita darle cuerpo para convertirlo en packaging. Ahí el montaje es protagonista: buena adherencia, registro, presión controlada y una plancha pareja para troquelar y armar.
Cuándo conviene doble faz
Conviene cuando se busca un pliego listo para imprimir, troquelar o convertir. Al tener ambas caras cerradas, ofrece más estabilidad en procesos donde importan la rigidez, la repetibilidad y el comportamiento del material.
Elegir sin sobredimensionar
No se trata solo de mirar espesor. Hay que mirar el producto final, la impresión, el tipo de troquel, el sentido de onda, el armado esperado y la escala. Elegir bien evita material de más y problemas de plegado o diferencias entre partidas.